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Aido, nuestra ministra de Igualdad, Bibiana, “no tiene duda” de la “plena constitucionalidad” de la ley del aborto.
El Alto tribunal, sino dudas, si ha manifestado al menos ciertas reservas, pero de tal envergadura que está dispuesto a admitir a trámite los recursos a la ley del aborto. Dos posturas al parecer contrapuestas. Con esto se está pidiendo por parte del Constitucional al Gobierno y al Parlamento que formulen alegaciones a la petición del PP de suspensión cautelar de los preceptos recurridos de la norma. Bueno, del Partido Popular y del Gobierno de Navarra, contra diversos preceptos de la Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Finalmente establece el Tribunal que se oiga al Gobierno, al Congreso y al Senado para que, en el plazo de tres días, formulen alegaciones a la petición del PP de suspensión cautelar de los preceptos recurridos de la norma, que entra en vigor el próximo 5 de julio, o sea, ya. Dicho esto, me venía a la cabeza la gran diferencia que había, cuando tuve oportunidad de dar clases en la Universidad, entre los alumnos de primer año y los de últimos cursos de carrera. La “desfachatez”, sinceramente creo que inocente, de quienes se estrenaban en las aulas universitarias, cuando se planteaba una discusión. Era digna de ser observada la altivez bravucona de algún primerizo universitario oponiéndose a tesis o explicaciones que estaba dando el profesor que fácilmente podría haber hecho su tesis doctoral sobre ese tema en cuestión o que incluso hubiera publicado artículos en una revista especializada e incluso hubiera escrito algún libro al respecto. El alumno “de quinto” ya era otra cosa. Se empezaba a dar cuenta de que “sabía que no sabía nada”, y tenía ese cosquilleo que produce el pavor de quien empieza a darse cuenta de que se va a tener que enfrentar a la vida real prácticamente en bañador frente a unos colosos vestidos de armadura medieval, yelmo espada y coraza. Que va a tener que empezar a medir sus palabras, a “dejar de jugar” y a ir con humildad y respeto por la vida. Todo esto, ya lo ven ustedes, se pone en contraste al ver esta noticia. Por un lado palabras gruesas como leían al principio de estas letras: Constitucional pide al Gobierno, Parlamento, alegaciones, suspensión cautelar, preceptos de la ley, alegaciones; y en el otro lado, una joven ministra que “no tiene ninguna duda”. http://www.intereconomia.com/noticias/Evaristo de Vicente |